Roles en un grupo de trabajo: ¿sabes cuál desempeñas tú?

Toda organización debe tener un líder. El líder es la persona que guía e inspira a los demás, valiéndose de la comunicación eficaz y eficiente como principal herramienta para conseguir el éxito. Pero el liderazgo no es tarea fácil. Un líder debe albergar múltiples cualidades para saber rodearse de un gran equipo; debe saber evaluar a las personas, detectar sus competencias de acción y decisión, detectar el grado de compromiso que los miembros del grupo poseen, tener capacidad de síntesis y sacrificio, firmeza en la toma de decisiones, capacidades de motivación, automotivación y de afrontar las cargas, las responsabilidades y la presión que su puesto requiera.

La hora de comer y los descansos en el trabajo

Cuando entramos a trabajar en una nueva empresa, las preguntas habituales que hacemos a nuestro interlocutor suelen ser: en que consistirá nuestro trabajo, cual será nuestro puesto dentro del organigrama de la empresa, qué salario y complementos tendremos, si dispondremos de móvil, coche de empresa, jornada de trabajo… pero solemos olvidarnos de preguntar algo muy importante: dentro de la jornada de trabajo, ¿de cuánto tiempo disponemos para comer? y ¿de qué descansos podremos disfrutar durante la jornada?

Los trabajadores con discapacidad tienen mayor satisfacción laboral

Para medir el grado de satisfacción laboral, debemos buscar necesariamente en aspectos personales, en todos aquellos aspectos que nos caracterizan, que caracterizan nuestra personalidad, pero, sobre todo, en los objetivos que cada cual busca satisfacer a lo largo de su vida.

Obviamente, estas motivaciones cambian con el tiempo y según vamos cumpliendo años, no solo varían nuestras expectativas, sino que muchas veces, mudamos de criterios a la hora de valorar el grado de satisfacción que logramos.

Es comprensible que, en el caso de personas con alguna discapacidad, el nivel de expectativas sea medianamente inferior al general. Existen, a su vez, muchos engranajes sociales que se ponen en marcha a su disposición para que logren satisfacer, como mínimo, las necesidades básicas de alimento o vivienda.

Es normal que se practiquen políticas de inserción social para los trabajados discapacitados, que les hagan más fácil la consecución de sus metas con el objetivo de paliar, en lo posible, las diferencias con las que parten respecto al común de la población.

No sólo no se les aplica, en general, el mismo nivel de exigencia que se aplica a los demás grupos de población, sino que, además, cuentan con ayudas y apoyos para garantizar que cumplan con las funciones que se les asignen, con menos obstáculos.

Este estado de cosas, determinará que su nivel de satisfacción, tanto en sus relaciones con los demás, como con respecto a su nivel de productividad, aumente.

Existe, en general, una conciencia social de ayuda al discapacitado, que hace que tengamos mayor benevolencia a la hora de evaluar sus posibles fallos. Todo esto hace posible que su inserción en el medio, tanto social como laboral, se realice dentro de unos cauces pacíficos, nada dañinos ni fundados en la competencia más dura.

Este marco en que se engloba el trabajador discapacitado, le permite sentirse más comprometido con el entorno benevolente, y la asunción de responsabilidades la realiza con mayor seguridad y compromiso. Este equilibrio mermará su inseguridad, animándole a desarrollar su potencial en un nivel más óptimo que el de la mayoría, porque siempre que nos sintamos seguros, ayudados y apoyados, el nivel de estrés disminuirá, con lo que podremos desarrollar nuestras capacidades con mayor soltura y entusiasmo, permitiéndonos tener mucho mayor efectividad.

El apoyo que los discapacitados reciben dentro del grupo de trabajo, es fundamental para el buen desempeño de sus funciones, mejora su autoestima y eleva su grado de satisfacción.